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TDAH y perimenopausia: cuando lo que te funcionaba deja de funcionar
Adriana, fundadora de Finnela
2 de octubre de 2026 · 9 min de lectura · revisado con cuidado

Tienes un sistema. Lo fuiste montando durante años sin llamarlo así: la libreta de tapas duras, tres alarmas para lo mismo, la lista pegada en la puerta de la nevera, las llaves siempre en el cuenco de la entrada. No era bonito, pero aguantaba.
Y un día, sin saber qué día exactamente, deja de aguantar. La libreta sigue ahí y ya no la abres. Las alarmas suenan y las apagas sin mirar. Entras en una habitación y te quedas quieta en la puerta, buscando para qué habías ido.
Has hecho lo que se hace: apretar más. Más listas, más alarmas, más madrugar. Y no ha servido.
La pregunta que acabas escribiendo en el buscador es corta: ¿el TDAH empeora con la edad?
Qué hay aquí y qué no
Aquí se explica lo que se ha medido sobre el TDAH en los años de antes de la menopausia, que se llaman perimenopausia. Es poco, es reciente y tiene grietas, y se cuentan todas.
Lo que no hay es un diagnóstico. Reconocerte en este texto no quiere decir que tengas TDAH, ni que estés en la perimenopausia. Eso no lo decide un artículo.
La respuesta corta, primero
Con lo que hay medido, no se puede decir que el TDAH empeore con los años por sí solo. Lo que sí empieza a verse es otra cosa: que los años de transición hacia la menopausia parecen pesar más en mujeres con TDAH que en las demás.
No es la edad. Es una etapa que llega a cierta edad.
Lo que se midió en Islandia
En 2025, un equipo de la Universidad de Islandia publicó en European Psychiatry un estudio hecho con una población entera. Preguntaron a unas cinco mil cuatrocientas mujeres de entre 35 y 55 años por los síntomas típicos de esta etapa, con un cuestionario pensado para eso: el ánimo, la irritabilidad, la ansiedad, el cansancio, el sueño, los sofocos, las molestias del cuerpo y las del sexo y la vejiga.
Las que decían tener un diagnóstico de TDAH puntuaron más alto en todo. En el ánimo, en el cuerpo y en lo genital y urinario. No en una cosa suelta: en las tres familias que mide el cuestionario.
Y hubo un detalle más. En las mujeres sin TDAH, los síntomas más fuertes aparecían entre los 45 y los 49 años. En las mujeres con TDAH, entre los 35 y los 39. Una década antes.
Los autores lo leen como una señal de que en el TDAH esta etapa podría empezar antes. Lo dicen como interpretación, no como algo que hayan comprobado.
Lo honesto: el diagnóstico de TDAH no lo confirmó nadie: lo contaba cada mujer en el cuestionario. Todo se preguntó una sola vez, así que no se puede saber qué causa qué. El cuestionario de la perimenopausia incluye cosas como el ánimo bajo, la ansiedad o el cansancio, que no son solo de esta etapa, y se pasó a todas las mujeres de esa edad, estuvieran o no en ella. El grupo venía de un estudio sobre trauma, y entre las mujeres con TDAH había muchas más con estrés postraumático, lo que puede empujar los resultados. Y no se sabe qué medicación ni qué tratamiento hormonal tomaba cada una.
¿El TDAH empeora con la edad?
En ese mismo estudio miraron también los síntomas de TDAH de ahora, con un cuestionario corto. Y no subían con los años. En las mujeres con diagnóstico, los síntomas fuertes eran más frecuentes entre los 35 y los 44 que entre los 45 y los 55. En las mujeres sin diagnóstico pasaba lo mismo.
O sea que, con esos datos delante, la frase "el TDAH empeora con la edad" no se sostiene tal cual. Lo que se sostiene mejor es que hay una etapa que se suma encima.
Lo honesto: no siguieron a las mismas mujeres de los 35 a los 55. Compararon a mujeres distintas de edades distintas en un mismo año. Eso no dice qué le pasa a una mujer concreta con el tiempo, y deja muchas preguntas abiertas: quién estaba ya diagnosticada, quién en tratamiento, quién había cambiado de vida.
La niebla de esta etapa no es solo del TDAH
Esta parte se olvida en casi todo lo que circula, y es la que más tranquiliza.
Un estudio grande de Estados Unidos, publicado en Neurology en 2009 por Greendale y su equipo, siguió durante cuatro años a mujeres de mediana edad de la población general, sin separar a ninguna por TDAH, y les repitió cada año unas pruebas de memoria y de rapidez. Antes de la perimenopausia, las mujeres mejoraban al repetir las pruebas, como pasa siempre: se aprende. Durante la perimenopausia, esa mejora se paraba. Y después de la menopausia volvía.
Los autores lo dicen así: que las dificultades de memoria de esta transición podrían ser pasajeras.
Lo honesto: son pruebas de laboratorio, no la vida de cada día. Es la media de muchas mujeres, no lo que le pasa a cada una. Y nadie miró ahí a mujeres con TDAH.
Y aquí está el cruce. Los mismos autores del estudio islandés lo apuntan: en la perimenopausia pueden aparecer problemas de atención, de memoria y de organización que se parecen mucho a los del TDAH. Dos cosas distintas que caen en el mismo sitio. Si en cerebros con TDAH esas funciones ya iban justas, es razonable pensar que la suma se note más. Razonable, no comprobado.
Por qué pasa eso, si tiene que ver con el estrógeno y la dopamina, es una explicación razonable que nadie ha comprobado en mujeres con TDAH en esta etapa. Está contada entera, con sus eslabones flojos, en el artículo sobre el estrógeno y la dopamina.
Lo que cuentan las que lo están viviendo
En 2026, un equipo del University College de Dublín publicó en Women's Health entrevistas largas con diecinueve mujeres con TDAH sobre cómo estaban viviendo la perimenopausia. No buscaban medir. Buscaban escuchar.
Una de ellas lo explicó con una frase que resume este artículo entero: que ahora sabe que tuvo TDAH toda la vida, que se las arreglaba sin darse cuenta, y que cuando empezó la perimenopausia esas maneras de arreglárselas dejaron de funcionar.
Otra contó que, con cuarenta y seis años, le repetían una y otra vez que era demasiado joven para que aquello fuera la perimenopausia. Y otra pedía algo muy concreto: que lo de la perimenopausia se mirara siempre a la luz del TDAH, y no por separado.
De las que tenían diagnóstico formal, la mayoría lo había recibido después de que empezaran los síntomas de esta etapa.
Y no todo era pérdida. Varias contaron que habían empezado a tratarse con más suavidad, o que estaban cansadas de fingir y se sentían con derecho a ser quienes eran. Una lo comparó con atravesar un fuego que quema lo que ya no hace falta.
Lo honesto: son diecinueve mujeres de un solo país, contando su experiencia. Los propios autores avisan de que no pudieron confirmar el TDAH de todas: algunas tenían diagnóstico y otras se identificaban así. Tampoco midieron en qué punto de la perimenopausia estaba cada una. Sirve para entender cómo se vive, no para saber cuántas lo viven así.
Antes de eso ya había una pista
En 2021, un equipo de una clínica de TDAH adulto de La Haya publicó en el Journal of Psychiatric Research un estudio con unas doscientas mujeres que pasaban por su consulta. Les preguntaron, entre otras cosas, por los síntomas típicos de la transición a la menopausia. Salieron altos: ansiedad, ánimo bajo, sofocos, molestias del cuerpo, problemas en el sexo.
Lo honesto: no tenían un grupo de mujeres sin TDAH con el que comparar en el mismo estudio: compararon con lo que se sabe de la población general. Eran mujeres que ya acudían a una clínica especializada, de edades muy distintas. Es una pista, no una prueba.
Por qué hay tan poco
Cuando una revisión sistemática de 2025 peinó todo lo publicado sobre hormonas y TDAH en mujeres, lo que encontró se concentraba en la pubertad, el ciclo y el embarazo. En sus conclusiones pedía expresamente que se estudiaran otras etapas, entre ellas la menopausia. El de Islandia y el de Dublín son de después.
Lo que pasa a los cuarenta, cuando el TDAH y esta etapa coinciden, se ha empezado a mirar ahora. Por qué un hueco así deja tantas consultas sin respuesta está contado en el artículo sobre la semana de antes de la regla.
Lo que no aparece en ningún cuestionario
Haber escrito en el buscador, de noche, si se puede tener demencia a los cuarenta y cuatro. Y no habérselo contado a nadie.
Despertarte empapada y con la cabeza ya puesta en la lista de mañana, y no volver a dormirte.
Que el deseo se haya ido sin avisar, y no saber cómo sacarlo en casa, ni en la consulta.
Llorar en el coche antes de entrar a trabajar, sin un motivo que se pueda decir en voz alta.
Que te digan "son las hormonas" como quien cierra una carpeta. O "eres muy joven para eso", como quien la cierra antes de abrirla.
Nada de eso es exagerar. Es lo que se mide en esos cuestionarios, contado como se vive.
Qué se puede llevar a la consulta
Si algo de esto te suena, la conversación es con tu médica de cabecera o tu ginecóloga, y con quien te lleve el TDAH si hay alguien. Todo lo que tenga que ver con hormonas, con tratamientos o con medicación se habla ahí, con tu médica, y en ningún otro sitio.
Lo que sí ayuda a que esa conversación no se quede corta es llevar las dos cosas juntas, que es justo lo que pedían las mujeres de Dublín. Qué ha cambiado y desde cuándo. Qué sistema te funcionaba y ha dejado de hacerlo. Cómo va tu regla, si sigue viniendo. Y decirlo así: que te gustaría que se mirara lo uno con lo otro.
Si quieres apuntar cómo van los días antes de ir, en el artículo sobre mirar el mes está contado por qué se apunta cada día y no de memoria.
Lo honesto: ningún estudio ha comprobado que llevar esto escrito cambie lo que pasa en la consulta. Es una forma de no olvidarte de lo importante cuando estás delante, nada más.
Y ya está
Que el TDAH empeore con la edad, sin más, no lo sostienen los datos que hay. Que los años de antes de la menopausia pesen más, y quizá antes, en mujeres con TDAH, empieza a medirse ahora: un estudio grande con grietas, unas entrevistas y una pista de hace unos años.
Lo que se vive es real aunque la ciencia vaya por detrás. Y que el sistema de siempre deje de funcionar no dice nada malo de quien lo construyó.
Esto es acompañamiento educativo, complemento del cuidado médico y nunca sustituto de terapia ni de tratamiento. Aquí no se diagnostica a nadie.
Y si al leer esto has pensado en todo lo que ha dejado de funcionar estos últimos años, el Mapa te lo ordena un poco. Es gratis, son unos minutos, y no te va a decir lo que tienes: te devuelve tu propio lío puesto en orden.
Y una cosa aparte, al margen de todo lo anterior. Si te encuentras pensando que no quieres estar aquí, eso no espera a ninguna cita: eso se cuenta hoy, a una profesional o a un servicio de crisis o emergencias de tu país. Y si sientes que algo se te está yendo de las manos con la bebida, con la comida o con lo que sea, eso también se habla con una profesional. No es que aquí no quepa tu malestar: es que ahí podrán ayudarte mejor que aquí. Sin rodeos y sin vergüenza.
De dónde sale esto
- Jakobsdóttir Smári, Valdimarsdóttir, Wynchank, de Jong, Aspelund y cols. (2025). European Psychiatry. doi:10.1192/j.eurpsy.2025.10101
- Greendale, Huang, Wight, Seeman, Luetters y cols. (2009). Neurology. doi:10.1212/WNL.0b013e3181a71193
- Kini-Seery, Trevaskis, Kilbride, Wrigley y Bramham (2026). Women's Health. Es un estudio de entrevistas. doi:10.1177/17455057261450178
- Dorani, Bijlenga, Beekman, van Someren y Kooij (2021). Journal of Psychiatric Research. doi:10.1016/j.jpsychires.2020.12.005
- Osianlis, Thomas, Jenkins y Gurvich (2025). Journal of Attention Disorders. doi:10.1177/10870547251332319
Si esto te suena, tu Mapa te lo ordena.


