Blog/Vida diaria
Memoria de fuera: que se acuerde la casa por ti
El equipo de Finnela
7 min de lectura

Entras en el dormitorio y se te ha ido a qué venías.
Te quedas en medio, mirando la cama sin verla, esperando a que vuelva. A veces vuelve si retrocedes hasta la puerta y haces el mismo camino otra vez.
Y de vuelta por el pasillo te tropiezas con el sobre que dejaste el jueves encima del teclado del portátil, de canto, para no poder abrirlo sin cogerlo.
Ese sí lo hiciste. Ese salió de casa a tiempo.
Qué es esto y qué no es
Esto es un mecanismo y una manera de montar una casa. No es el retrato de nadie: reconocerte aquí no significa que tengas TDAH.
Y hay que decirlo pronto, porque es la parte honesta: casi nada de lo que viene tiene ensayos detrás. Lo que hay es un mecanismo medido y una práctica muy extendida que nadie ha comprobado bien.
La cabeza tiene una mesa pequeña
Para hacer casi cualquier cosa hay que sostener algo mientras se hace otra: el número mientras buscas el bolígrafo, el motivo mientras cruzas el pasillo, los tres pasos que quedan mientras haces el primero.
Esa mesa donde se sostienen las cosas mientras tanto es pequeña en todo el mundo. Lo que cambia es cuánto aguanta.
Eso se ha medido. En 2005, el equipo de Willcutt juntó decenas de estudios sobre esta clase de operaciones en el TDAH y encontró diferencias claras, de tamaño medio.
Lo honesto: la conclusión de ese mismo trabajo es que con esas diferencias no basta para explicar todos los casos, y que tampoco tienen por qué estar siempre. Describe una máquina; no reparte nombres.
Y de ahí sale algo corto y útil: acordarse no es una virtud moral. Es una operación que gasta energía, y no gasta lo mismo en todas partes.
Y si el trabajo tiene coste, se puede repartir. Eso es todo lo que viene después.
Lo que se guarda en su sitio deja de existir
Práctica común.
En una casa ordenada, cada cosa está donde debe. Guardada. Cerrada. Fuera de la vista.
Para una memoria que va justa, eso es lo mismo que no tenerla. Lo que no se ve no aparece en la cabeza en el momento en que hacía falta.
Por eso las casas que funcionan para estas cabezas suelen parecer un poco desordenadas por fuera: hay cosas encima de sitios. Y no están ahí por dejadez. Están ahí trabajando.
Lo honesto: esto se dice muchísimo y no lo ha ensayado nadie en mujeres adultas con TDAH. Es una idea razonable con el mecanismo de arriba, no un resultado.
La casa que se acuerda: cinco sitios
Ninguno de los cinco está probado. Son maneras de sacar el trabajo de la cabeza y dejarlo en el mundo, que es lo único que tienen en común.
El sitio de salida
Práctica común.
Un punto, y solo uno, por donde pasa todo lo que sale de casa contigo. Una silla, una bandeja, un trozo de encimera.
La regla no es que esté ordenado: es que nada que tenga que salir se quede en otro lado.
Lo honesto: no tiene estudios. Su gracia es que no pide recordar nada, solo pasar por un sitio.
Dejarlo en el camino
Práctica común.
No cerca. En medio. La bolsa de la basura enganchada al pomo por dentro, la carpeta encima del teclado, el sobre de canto donde no se puede rodear.
Lo que se deja al lado se convierte en paisaje en dos días. Lo que estorba, no.
Lo honesto: tampoco está ensayado. Y tiene un límite conocido: si se pone demasiado, todo estorba y nada avisa.
Un solo buzón
Práctica común.
Un único lugar donde cae todo lo que no se quiere perder, en el momento en que aparece. Una libreta, una nota del móvil, un papel.
Apuntar en diez sitios es casi lo mismo que no apuntar, porque después hay que recordar en cuál de los diez.
Lo honesto: es una idea de organización de toda la vida, sin nada que la avale en esta población.
La alarma para el cambio, no para la hora
Práctica común.
Casi todas las alarmas están puestas a la hora de empezar algo. La que suele faltar es la de soltar lo anterior: la que avisa diez minutos antes de tener que salir, no cuando ya había que estar fuera.
Lo honesto: sin ensayos. Y con un precio: demasiadas alarmas y dejan de oírse.
La foto como nota
Práctica común.
Para lo que no cabe en una libreta: dónde aparcaste, cómo iba montado antes de desmontarlo, la etiqueta del filtro, el estante del supermercado.
Hacer una foto cuesta dos segundos y no exige elegir palabras, que es lo que suele frenar el apuntar.
Lo honesto: funciona para cosas concretas y visuales, y no para lo demás. Y el carrete se convierte en un montón donde tampoco se encuentra nada, así que sirve para horas o días, no para meses.
Y luego está la otra gente que vive ahí
Esta es la parte que ningún artículo sobre organización cuenta, y es la que hace que estos sistemas se caigan.
Una casa con más gente tiene otras manos. Y las otras manos ordenan: recogen el sobre de encima del teclado y lo ponen con los sobres, guardan la bolsa que estaba en el pomo, despejan la silla de la entrada porque es una silla.
Lo hacen para ayudar. Y desde su punto de vista lo que había era desorden, porque un andamio ajeno se parece muchísimo a un desorden.
Lo único que hay aquí es lo obvio, y aun así casi nunca se dice en voz alta: eso hay que contarlo. Que ese montón concreto no es un montón. Que ahí no se toca.
No es una petición pequeña ni siempre se recibe bien. Y no contarlo sale más caro, porque el sistema se cae y encima parece que se cayó solo.
Lo que esto no hace
No arregla el mecanismo. La mesa sigue siendo del tamaño que es.
Y tiene un coste social que casi nadie cuenta: una casa montada así se ve desordenada desde fuera, y alguien lo va a decir. Explicar que ese montón es un sistema cansa, y no siempre se explica a gente que lo reciba bien.
Qué se explica y a quién no lo decide un artículo.
Lo que pasa en las casas y no se enseña
El tercer cargador comprado porque los otros dos están en algún sitio de esta misma casa.
El cumpleaños que se recuerda el mismo día por la noche, con la felicitación mandada a deshora y una excusa corta.
La compra hecha dos veces la misma semana, y las tres cajas iguales en el armario que ya no caben.
Y la que sale más cara: haber quitado un papel de en medio porque venía alguien a casa, y no volver a verlo hasta que llegó el aviso de que no se había pagado.
Cuando esto es otra cosa
Si los olvidos han empezado hace poco, si van claramente a más, o si vienen con otras cosas encima, eso se mira en una consulta y no en un artículo. Tu médica de cabecera es un buen primer sitio, y basta con contar qué pasa y desde cuándo.
Lo que sostiene la casa
Que sostener cosas en la cabeza cuesta más en unas cabezas que en otras está medido y se repite.
Que dejarlas fuera de la cabeza ayude tiene todo el sentido del mundo con ese mecanismo, y no lo ha comprobado nadie con mujeres adultas.
Así que si tienes un montón encima de la mesa que te está salvando la semana, ese montón se queda. Y si nada de esto te aguanta, tampoco dice nada de ti.
Esto es acompañamiento educativo, complemento del cuidado médico y nunca sustituto de terapia ni de tratamiento. Aquí no se diagnostica a nadie.
Y si al leer esto se te ha venido encima todo lo que llevas sosteniendo tú sola, el Mapa empieza por ordenarlo. Es gratis, son unos minutos, y no te va a decir lo que tienes: te devuelve tu propio lío puesto en orden.
Y una cosa aparte, al margen de todo lo anterior. Si te encuentras pensando que no quieres estar aquí, eso no espera a ninguna cita: eso se cuenta hoy, a una profesional o a un servicio de crisis o emergencias de tu país. Y si sientes que algo se te está yendo de las manos con la bebida, con la comida o con lo que sea, eso también se habla con una profesional. No es que aquí no quepa tu malestar: es que ahí podrán ayudarte mejor que aquí. Sin rodeos y sin vergüenza.
De dónde sale esto
- Willcutt y cols. (2005). Biological Psychiatry.
Si esto te suena, tu Mapa te lo ordena.


