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Blog/Vida diaria

La lista que aguanta un mal día: tres cosas, no treinta

El equipo de Finnela

7 min de lectura

En la puerta de la nevera hay un papel cuadriculado con veintitantas cosas escritas en dos columnas, porque a mitad se acabó el ancho.

Arriba, la fecha. Es de hace tres semanas.

Hay una tachada. Es la primera, y era la más fácil, y probablemente ya estaba hecha cuando la escribiste.

Y en la mesa hay un papel nuevo, de anteayer, con las mismas cosas y dos más.

Antes de nada, qué es esto

Aquí no hay un método probado para organizarse, porque no lo hay. Lo que viene explica por qué una lista larga se comporta como se comporta, y qué se le puede quitar para que aguante un día malo.

Cuenta cómo se comporta una herramienta, no cómo eres tú. Reconocerte aquí no significa que tengas TDAH.

Una lista de treinta cosas no es un plan

Es un inventario. Está muy bien tenerlo, porque lo que no se apunta se pierde, y de eso va otro artículo de este blog.

Pero un inventario no dice qué hacer ahora. Solo dice cuánto debes.

Y ahí está el truco feo de las listas largas: se escriben en un momento de subida, cuando por fin ves el mapa entero, y se leen en un momento de bajada, cuando lo único que llega es el tamaño.

Todas escritas igual, todas pesando igual

Esa lista tiene la llamada al fontanero, el informe del trabajo, comprar pilas y la cosa de tu madre que llevas dos meses sin resolver.

Están escritas con la misma letra, del mismo tamaño y una debajo de otra. Miradas así parecen la misma clase de cosa, y no lo son ni de lejos.

Lo que hace falta para separarlas es un trabajo aparte, y en cerebros con TDAH ese trabajo va justo. Willcutt y su equipo reunieron en 2005 el trabajo de referencia sobre esas operaciones en el TDAH, juntando decenas de estudios. Las diferencias que encontraron son de verdad y son de tamaño medio.

Lo honesto: ellos mismos avisan de que con eso no se explican todos los casos, y de que hay gente con TDAH a la que esas pruebas le salen estupendamente. Vale para ver cómo funciona la máquina, no para repartir nombres.

Cuando todo pesa igual, la cabeza no elige. Se planta. Y desde fuera plantarse se lee como no querer.

Y la lista aplana el tiempo, que es lo peor que puede hacer

Las treinta cosas están una debajo de otra, sin distancia. La que vence mañana y la que vence en marzo ocupan el mismo renglón.

Así que la lista esconde justo el dato que hace falta para arrancar: cuál de estas es de hoy de verdad.

Por qué lo que está lejos tira tan poco tiene su propio artículo aquí. Para lo que nos ocupa basta con la consecuencia: una lista que no distingue el hoy del algún día se lee entera como un algún día.

Tres

Práctica común.

La idea es vieja y se dice en todas partes: elegir dos o tres cosas y que el resto no esté a la vista mientras tanto.

Lo que hace por debajo es quitar una decisión del momento peor, que es el del arranque. Cuando llegas a la mesa, ya está elegido. No estás decidiendo y haciendo a la vez.

Y hace otra cosa que se nota más de lo que parece: permite terminar. Una lista de treinta no se termina nunca, así que todos los días acaban en deuda. Una de tres se puede cerrar, y cerrar algo es de las pocas cosas que pagan el mismo día.

Lo honesto: de la regla de las tres cosas no hay ni un ensayo. Ni uno. Es práctica común, se usa muchísimo y tiene sentido con lo que se sabe del arranque, y eso no es lo mismo que estar demostrado. Si a ti te funcionan cinco, son cinco.

Las otras veintisiete no se tiran: se mudan

Práctica común.

Esta parte es la que hace que lo anterior no dé pánico. Las demás no desaparecen: se van a un sitio único donde cae todo, y de ahí se saca mañana.

Sin ese sitio, elegir tres se siente como abandonar veintisiete, y entonces no se elige nada.

Lo honesto: tampoco esto se ha ensayado en esta población. Es organización corriente, contada como lo que es.

Cómo se eligen las tres cuando todo grita

Práctica común.

La pregunta que suele desatascarlo no es cuál es más importante, porque eso no lo sabe nadie a las ocho de la mañana. Es más burda: qué pasa de verdad si esto no se hace hoy.

Casi siempre, para casi todo, no pasa nada. Y lo que queda cuando se cae todo eso son dos o tres cosas donde sí pasa algo.

Lo honesto: es una forma de decidir, no un tratamiento, y no tiene estudios detrás.

Lo único cercano a esto que sí tiene respaldo

Respaldado, con un pero grande.

No es la lista: es la forma de escribir una de sus líneas. Frases con forma de "si pasa esto, hago esto", pegadas a un momento concreto en vez de a una hora.

El detalle de ese respaldo, con sus grietas y sus números, ya está contado en otro artículo de este blog, así que aquí va lo justo.

Lo honesto: no es específico del TDAH, funciona bastante menos en la vida real que en el laboratorio, y lo que más mueve su efecto es que la meta le importe de verdad a quien la escribe. Con una meta prestada se desinfla.

Dónde vive la lista

Práctica común.

Un detalle pequeño que cambia bastante: la lista de tres no se guarda. Se deja donde vas a chocarte con ella sin buscarla.

Una lista dentro de una aplicación, detrás de dos toques, existe cuando te acuerdas de que existe. Que es justo lo que no se puede pedir aquí.

Lo honesto: sin ensayos, como casi todo lo de este artículo. Es diseño de entorno.

Y el día que no salen ni las tres

Porque va a haber días así, y una lista que solo funciona en los días buenos no sirve para nada.

Lo que se hace ese día no es apretar. Es bajar el tamaño de lo que cuenta como hecho.

No "el informe", sino abrir el archivo y escribir el título. No "llamar al banco", sino buscar el número y dejarlo escrito para mañana. Eso es un paso de verdad, no una versión rebajada de un paso.

Y si tampoco sale eso, la cuenta del día es cero y no pasa nada, porque un día no es una tendencia.

Lo que no ayuda, y se hace todo el tiempo, es arrastrar lo no hecho a la lista de mañana con un asterisco al lado. Así la lista de tres se convierte en seis, y en dos días vuelve a ser la de la nevera.

Mañana se eligen tres. Da igual que dos sean las mismas de hoy.

Lo que pasa con las listas y no se cuenta

Apuntar algo que ya has hecho para poder tacharlo. Y notar el gustito, y saber perfectamente lo que acabas de hacer.

Pasar cuarenta minutos pasando la lista a limpio en una libreta bonita en vez de hacer la primera cosa de la lista.

Tirar la lista entera a la basura y notar alivio.

Y la que menos se cuenta: haberle enseñado a alguien la lista para que viera todo lo que llevas encima, que no es lo mismo que pedir ayuda pero se le parece.

Cuando el problema ya no es la lista

Si lo que hay debajo no es el desorden sino que llevas meses sin poder con lo básico, o el ánimo, o el sueño, o un cansancio que no se va, eso merece una consulta y no un sistema nuevo. Tu médica de cabecera es un buen primer sitio.

Y si llevas años probando agendas y aplicaciones y ninguna cuaja, eso tampoco demuestra nada sobre ti.

Tres, y por qué tres

Porque tres se puede terminar, y terminar paga hoy.

Porque elegir a las ocho de la mañana es el peor momento para elegir, y con tres ya está elegido.

Y porque una lista de treinta no era un plan: era la cuenta de lo que debes, colgada en la nevera a la altura de los ojos.

De todo lo de arriba, con respaldo hay una cosa y es la forma condicional, que ni siquiera es del TDAH. Lo demás se usa mucho y no lo ha ensayado nadie. Te lo digo tal cual.

Esto es acompañamiento educativo, complemento del cuidado médico y nunca sustituto de terapia ni de tratamiento. Aquí no se diagnostica a nadie.

Y si al leer esto has pensado que tu problema no es la lista sino todo lo que hay detrás, el Mapa empieza justo ahí. Es gratis, son unos minutos, y te devuelve tu propio lío puesto en orden.

Y una cosa aparte, al margen de todo lo anterior. Si te encuentras pensando que no quieres estar aquí, eso no espera a ninguna cita: eso se cuenta hoy, a una profesional o a un servicio de crisis o emergencias de tu país. Y si sientes que algo se te está yendo de las manos con la bebida, con la comida o con lo que sea, eso también se habla con una profesional. No es que aquí no quepa tu malestar: es que ahí podrán ayudarte mejor que aquí. Sin rodeos y sin vergüenza.

De dónde sale esto

  • Willcutt y cols. (2005). Biological Psychiatry.

Si esto te suena, tu Mapa te lo ordena.

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Para mujeres con TDAH y el vaivén de sus hormonas.

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