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Blog/Cuerpo y energía

Comer con TDAH: se te pasa la hora y luego te lo comes todo

El equipo de Finnela

7 min de lectura

Te duele la cabeza y tardas un rato en caer en que a lo mejor no es la cabeza.

Haces la cuenta hacia atrás y sale poco: un café, otro café, y un trozo de algo que te comiste de pie mientras hablabas por teléfono y que ni sabrías decir qué era.

No has tenido hambre en ningún momento. Esa es la parte rara. No es que te aguantaras: es que no llegó.

Y sabes perfectamente cómo va a acabar el día, porque acaba así muchas veces.

Antes de nada, y va en serio

Aquí no hay dieta, ni horarios, ni alimentos, ni cantidades, ni nada parecido a un plan. Eso no es de un blog, y si algo de eso te hace falta, es de una profesional.

Esto explica un mecanismo. No describe a nadie: reconocerte aquí no significa que tengas TDAH.

Y si ya estás en manos de alguien por algo relacionado con la comida, este artículo no toca nada de eso. Ni para bien ni para mal.

Un día que se parte en dos mitades

La primera mitad no pide nada. Se pasan las horas, se pasan las comidas, y el cuerpo no interrumpe.

La segunda mitad lo pide todo, y lo pide con prisa.

Se cuenta como un problema de fuerza de voluntad, y encima como uno solo. Son dos cosas distintas, con dos mecanismos distintos, y les tocaría un apellido distinto a cada una.

La primera mitad: el aviso no llega

Cuando la atención está enganchada a algo, sea trabajo o sea una conversación difícil, deja de entrar lo que debería interrumpir. Y el hambre es exactamente eso: una interrupción.

En cerebros con TDAH, engancharse mucho a una cosa y no ver pasar nada alrededor es de lo que más se describe, y también de lo que menos se mide.

Hay algo más, y es más aburrido y más importante: un día sin estructura no tiene horas de comer. Si no hay una pausa que exista por su cuenta, comer depende de acordarse, y acordarse es justo el trabajo que va justo.

Lo honesto: esto se describe en la clínica y aparece en los relatos de muchas mujeres, y ahí se acaba. Nadie lo ha puesto a prueba con mujeres adultas con TDAH.

La segunda mitad: lo que llega rápido

Aquí sí hay mecanismo, y es el mismo que aparece en medio blog.

El análisis que Marx y su equipo publicaron en 2021 recoge decenas de experimentos con una misma disyuntiva: menos ahora o más luego. Con TDAH, el ahora se lleva algo más de votos. Una diferencia modesta que se repite.

Lo honesto: eso ocurre delante de una pantalla y con recompensas que no llegan a existir. No se parece en nada a una cocina a última hora.

Y a eso se le suma la teoría de 2008 de Tripp y Wickens: que aquí el simple hecho de arrancar no trae recompensa propia.

Junta las dos cosas y sale una cuenta incómoda: si el día entero no ha dado nada, y hay una cosa a mano que da algo en quince segundos, sin fallar, sin pedir permiso y sin depender de nadie, esa cosa se va a usar.

No es falta de carácter. Es lo único del día que cumple lo que promete.

Y el bucle no lo cierra el hambre: lo cierra la culpa

Alivio corto, y después el hueco. Y detrás, la frase de siempre.

Lo que hace la culpa es concreto y caro: al día siguiente se aprieta la primera mitad. Menos, más tarde, más estricto, para compensar.

Y con la primera mitad más apretada, la segunda llega más fuerte. Que es lo contrario de lo que se pretendía.

Por eso esto no se sale por decisión. No es un problema de decisión: es un bucle con dos mitades que se alimentan.

Y la comida es de las pocas cosas que siempre están

Merece un párrafo aparte, porque explica por qué esto en concreto y no otra cosa.

De todo lo que da algo rápido, esto es lo más disponible. No hay que quedar con nadie, no cuesta casi nada, no hay que pedir permiso, está a cinco pasos y funciona a la primera. Ninguna otra cosa del día cumple esas cinco condiciones a la vez.

Así que no es que esto tenga un poder especial. Es que es lo único que hay a mano cuando lo que hace falta es que algo funcione ya.

Y hay semanas en que todo esto pesa más

Muchas mujeres cuentan que en los días previos a la regla la segunda mitad del día se pone más alta, y que además le crece la culpa encima.

Lo que se puede decir con honestidad es poco. Que muchas lo describen así, y que se describe también en las fichas que usan quienes acompañan esto.

Lo honesto: de comer y ciclo en mujeres con TDAH no hay estudios que puedan sostener nada más que eso. Y hay que decir la otra mitad: si no te pasa, o si te pasa en otra semana, no hay ningún calendario del que te estés saliendo.

Lo único que se hace aquí con eso es quitarle la moral. Que un antojo aparezca en unos días concretos no lo convierte en un fallo de carácter con fecha.

Y lo que no se va a hacer aquí es decirte qué hacer con él, ni animarte a nada, ni pedirte que lo evites. Eso no es de este texto.

Lo que no está medido, que es casi todo

Conviene decirlo sin adornos, porque este es un terreno donde se afirman muchas cosas con mucha seguridad.

Detrás de este artículo no hay ni un solo trabajo sobre comer y TDAH en mujeres adultas. Lo que hay es una tarea de laboratorio sobre elegir, una hipótesis de 2008 y lo que se describe en consulta.

Quien te dé un porcentaje exacto sobre esto, o un mecanismo cerrado, se lo está inventando o lo ha leído de alguien que se lo inventó.

Lo que no se cuenta de esto

Comer de pie con la puerta de la nevera abierta, sin plato, para que no cuente.

Poner el envoltorio en el fondo del cubo y algo encima.

Haberte saltado la comida entera y contarlo en voz alta como una hazaña, con orgullo incluso.

Y la que da más vergüenza: agradecer que a nadie de casa le haya dado por preguntar qué has comido hoy.

Nada de eso lleva moraleja detrás. Y ninguna de esas escenas es un dato sobre tu carácter.

Dónde esto deja de ser un artículo

Hay una línea, y hay que decirla claro y sin rodeos.

Si comer se ha convertido en el sitio donde se decide cómo va el día. Si hay que esconderlo. Si aparece miedo. O si sientes que se te ha ido de las manos y ya no lo eliges tú.

Nada de eso es un problema de organización ni se arregla con un artículo. Eso se cuenta a una profesional, y mejor pronto que tarde. Tu médica de cabecera sirve para empezar, y no hay que llegar con ninguna etiqueta en la boca: con describir lo que ocurre es suficiente.

Aquí cabe. Lo que pasa es que ahí lo van a poder acompañar mejor.

Lo que hay y lo que falta

Medido: que lo pequeño de ahora gane a lo grande de después, en pruebas de laboratorio.

Hipótesis, no hecho: que empezar algo, por sí solo, casi no pague.

Descrito pero no medido: que el aviso del hambre no llegue cuando la atención está enganchada.

Sin mirar siquiera: cómo comen las mujeres adultas con TDAH. Esa carpeta está vacía.

Y una cosa que no necesita estudio: un día que no ha dado nada en catorce horas termina pidiendo algo. Eso le pasa a cualquiera.

Esto es acompañamiento educativo, complemento del cuidado médico y nunca sustituto de terapia ni de tratamiento. Aquí no se diagnostica a nadie.

Y si al leer esto has reconocido tus días enteros, el Mapa los ordena un poco. Es gratis, son unos minutos, y no te va a decir lo que tienes ni lo que tienes que comer: te devuelve tu propio lío puesto en orden.

Y una cosa aparte, al margen de todo lo anterior. Si te encuentras pensando que no quieres estar aquí, eso no espera a ninguna cita: eso se cuenta hoy, a una profesional o a un servicio de crisis o emergencias de tu país. Y si sientes que algo se te está yendo de las manos con la bebida, con la comida o con lo que sea, eso también se habla con una profesional. No es que aquí no quepa tu malestar: es que ahí podrán ayudarte mejor que aquí. Sin rodeos y sin vergüenza.

De dónde sale esto

  • Marx y cols. (2021). Journal of Attention Disorders.
  • Tripp y Wickens (2008). Journal of Child Psychology and Psychiatry. Es una teoría, no un hallazgo.

Si esto te suena, tu Mapa te lo ordena.

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